jueves, 13 de junio de 2013
Casa viejas
Casas viejas
En 1933, durante la época de la República el pueblo se convirtió en el foco de una rebelión anarquista. La mal rebelión fue el resultado de conflictos entre la mayoría de los anarcosindicalistas moderados de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y una pequeña minoría militante (miembros de la FAI, Federación Anarquista Ibérica, llamados faístas) dentro de la CNT que insistía en convencer a los miembros para intentar derrocar el estado de un solo golpe. En la rebelión planeada para enero de 1933, la lucha central debía ocurrir en las ciudades principales de España y se había calculado que coincidiera con una huelga ferroviaria para reducir la capacidad gubernamental de mover las tropas. Sin embargo, la huelga del ferrocarril nunca se llevó a efecto. El levantamiento fue rápidamente sofocado y sus dirigentes fueron encarcelados. Los movimientos de distracción planeados en las regiones adyacentes fueron cancelados rápidamente. Sin embargo, el mensaje no llegó al pequeño pueblo de Casas Viejas. Durante un breve intercambio de disparos, dos guardias fueron mortalmente heridos. Casas Viejas pronto se convirtió en el centro de atención de todo el país. Refuerzos del gobierno bajo las órdenes de un tiránico capitán de los Guardias de Asalto de la República llegaron a tomar el pueblo. Los anarquistas huyeron. Sin embargo, las tropas encontraron dura resistencia en la choza de un viejo carbonero apodado "Seisdedos". Los hijos y el yerno del viejo hombre habían formado parte del grupo que había atacado el cuartel y ahora se resistían a entregarse sin hacer uso de las armas que tenían. El comandante de los Guardias de Asalto, el Capitán Rojas, ordenó que incendiaran la choza, por lo que ocho vidas fueron extinguidas entre las llamas y la fulminante lluvia de balas de las tropas. El Capitán Rojas decidió entonces vengarse del pueblo. Hizo que sus tropas detuvieran a posibles sospechosos y luego les ordenó que fusilaran una docena de hombres. Los hechos del caso fueron ocultados por varios meses, pero una investigación parlamentaria de la masacre y el juicio crearon la convicción de que el capitán Rojas era un delincuente. Él, a su vez, culpó a sus superiores por la severidad de sus órdenes, incluyendo una declaración de "tiros a la barriga". Aunque las alegaciones no fueron probadas, el escándalo trajo consigo la caída del Presidente Azaña y de sus ministros. Los sucesos de Casas Viejas y el fracaso del gobierno de controlar el desasosiego anarquista estuvieron entre las circunstancias que desembocaron en la Guerra Civil